El medio es el mensaje, nosotros somos el medio: CRONISTAS DIGITALES 2.0

elmosquito.gif José Soriano

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Los cronistas ciudadanos y sus redes sociales de contenido, que van contando la historia cotidiana usando diferentes formatos (texto, video, fotografía, audio, etcétera), son, como Huamán Poma, testigos de un cambio de época. ¿Estamos ante una nueva forma de escribir/haciendo la historia?
El término cronista comenzó a utilizase más a menudo para designar al autor de relatos contemporáneos. A la par que se desarrolló la historia como disciplina, y con el objetivo de a la vez narrar y explicar el pasado, el cronista pasó a ser el simple relator de hechos desnudos, recopilador de fuentes o escritor costumbrista. Una parte cada vez más importante de la población del mundo usa las tecnologías de innovación y convergencia para relatar o leer la historia que nos está pasando. Hechos que también son organizados con herramientas tecnológicas como ocurre en las manifestaciones populares de Francia, España o más recientemente en la Patagonia argentina.

Como ocurrió a finales del siglo XIX, con el desarrollo del periodismo popular, estamos en medio de una revolución silenciosa que está modificando la forma de producir y distribuir noticias. Los cronistas digitales están alterando las rutinas productivas del periodismo por el impacto del llamado newsharing (news, noticias; sharing compartir) y los diarios de mayor circulación en el mundo.

Contado desde el mismo usuario es un fenómeno que reproduce lo que pasa en las oficinas, en los barrios, en la calle o en las reuniones corporativas, lo importante ocurre en esos mundos paralelos al de la prensa oficial, mensajes instantáneos de los pasillos o de los comentarios populares que como reguero de pólvora son consumidos por la gente real.

El secreto revelado está en que las nuevas plataformas disponibles en Internet permiten a los usuarios (y a los periodistas) intercambiar noticias y otros contenidos de manera tan sencilla como ojalá incontrolable, en un proceso que parece, por volumen e impacto, no tener límites. Una cadena de distribución de intangibles a escala mundial.

Este cambio en el eje de control de los mecanismos de producción, circulación y consumo de información reproduce otras brechas y aumenta la existente entre los conectados y los que no pero también afecta a los propios periodistas.

La blogosfera o el mundo nuevo del blog, o fotolog para los más chicos es el movimiento de miles de usuarios de Internet que tienen un rol activo “en el proceso de recolección, producción, análisis y distribución de noticias e información”escribieron en 2002 Shayne Bowman y Chris Willis, autores del profético We Media. How Audiences are Shaping the Future of News and Information (Nosotros, el medio. Cómo las audiencias están moldeando el futuro de las noticias y la información).

Los “nativos digitales” que no siempre corresponden a los estereotipos (los menores de 30 años que no conciben su existencia sin dispositivos tecnológicos que les permitan estudiar, relacionarse, comprar e informarse), son los que mayor ventaja obtienen de la red.

Ya sobrepasaron los 70 millones de blogs; plataformas, como Topix o Digg, que ofrecen a sus lectores realizar las tareas antes reservadas a cronistas o editores profesionales: escribir artículos, jerarquizarlos, calificarlos y compartirlos; sitios de la llamada web 2.0 basados en el contenido generado por los usuarios (UGC, por sus siglas en inglés; ver recuadro), como YouTube, FlickR, MySpace o Bubbleshare; enciclopedias comunitarias, como la grandiosa Wikipedia, o el llamado “periodismo ciudadano” (citizen journalism) como el sitio coreano OhMyNews! (una de las más exitosas experiencias en la materia) y sus miles de cronistas amateurs en todo el mundo.

El lector-usuario-consumidor abandona, entonces, su rol pasivo y empieza a participar de un proceso creativo que antes le venía impuesto. Así, produce informaciones, fotografías, videos, películas, músicas, y entremezcla sus creaciones con las de otros activos participantes de la galaxia digital. Ya no va en busca de la información: es ésta la que va hacia él. Y si el contenido propuesto le interesa, quiere interactuar y tener capacidad de aplicarle su propio saber. Parece que para un voraz y joven “nativo digital” ya no basta con el texto escrito y la información unidireccional de la fuente matriz. Las barreras de ingreso en estas posibilidades que confluyen en Internet se esfumaron hace tiempo.

Ante este panorama, surgen numerosas preguntas: ¿qué está sucediendo con la profesión periodística? ¿Puede un blogger ser llamado periodista? ¿Cuál es el límite entre un artículo periodístico generado por un medio tradicional y la producción de un ciudadano común que, dotado de la tecnología apropiada, es capaz de generar una historia relevante, bien escrita y publicarla sin intermediación alguna?

“El impacto del newsharing es doble, porque además de las fuentes tradicionales (agencias, otros medios, oficinas de prensa) el periodista puede incorporar fuentes alternativas de información, y se incrementa la competencia”, asegura Iván Adaime, editor del sitio RollingStoneLA, periodista y docente. Y completa: “Aunque en la práctica hay más opinionsharing que newsharing, aparecen nuevas voces, por fuera de los medios tradicionales. Es positivo porque obliga a replantear la profesión y la desacraliza”.

Estos interrogantes se cuelan en lo más profundo del trabajo cotidiano. Es evidente que la tecnología está generando en el periodismo lo mismo que produjo en otras profesiones: borrar las barreras de entrada. Ya no se necesitaría de un medio tradicional para publicar, ni para ser masivo. Basta con una buena historia y un atractivo contenido multimedia.

Julia Zapata, directora de BBC Mundo, confía en su fórmula para diferenciarse de competidores no tradicionales: “Es necesario seguir siendo confiable, fidedigno e imparcial, pero también es imprescindible flexibilizarse y ofrecer algo que no dan los demás, que es la noticia en contexto, altos valores de producción y un nivel de respeto y de participación por el lector que muy pocos ofrecen”.

Entonces, ¿cómo hace el periodismo profesional para competir con este ejército de nuevos problemas? ¿Cuántos periodistas se imaginan a sí mismos con una cámara de fotos de bolsillo, listos para ser al mismo tiempo cronistas, redactores y editores de su propio contenido? ¿Quiénes se atreverían a abrir sus notas a la consideración directa y voraz, la corrección y el comentario de los lectores? El cambio parece irreversible, pero la respuesta, como siempre, parece estar del lado del lector, que es quien elige cómo, dónde y qué contenido es de su interés.

Por Gastón Roitberg groitberg@lanacion.com. ar

Fotos AP/France Press

La fábrica de contenidos

Contenido generado por usuarios, o User-Generated Content (UGC) es una sigla en inglés –de moda en los países más desarrollados– para denominar materiales en diferentes formatos (texto, audio, foto, video, etc.) y plataformas (web, móvil, podcasting) producidos por los mismos ciberusuarios, en oposición a los contenidos de los medios tradicionales. El UGC se distribuye de manera gratuita a partir de la proliferación de tecnologías que permiten el ejercicio del sharing (compartir), tan cuestionado por las industrias que viven del cobro de licencias, de la protección de los derechos de autor y del empaquetado de un contenido cerrado y premium. Algunos medios tradicionales, como la BBC (Citizen Journalism) o CNN (iReport) marcaron el camino de apertura a este fenómeno incorporando la producción de periodistas ciudadanos (rentados en el caso de la cadena norteamericana) a sus contenidos, en espacios destacados. Es decir que la producción amateur compite en un plano horizontal con el profesionalismo de su staff. En la Argentina, los grandes medios, como La Nacion y Clarín, ofrecen plataformas de periodismo ciudadano y UGC, como Igooh! ( www.igooh.com.ar ) y TN y la Gente ( www.tnylagente.com.ar ), pero también hay otros espacios alternativos, como Crónicas Móviles ( www.cronicasmoviles.com.ar ).

Subir a la ola 2.0

Si bien hay cientos de sitios que permiten a los usuarios publicar, compartir, calificar, desmentir y modificar contenidos en diferentes formatos, algunos de ellos son más populares por su facilidad de uso. A continuación, una lista arbitraria y recomendada, que excluye los grandes y archiconocidos YouTube, GoogleVideo, MySpace, FlickR y Yahoo! Video.

Video

Addicting Clips www.addictingclips.com

Break www.break.com

Brightcove www.brightcove.com

Daily Motion www.dailymotion.com

Metacafe www.metacafe.com

Revver www.revver.com

Vsocial www.vsocial.com

Eyespot www.eyespot.com.

Fotografía

Bubbleshare www.bubbleshare.com.

Audio y podcast

Evoca www.evoca.com

Odeo www.odeo.com

Castpost www.castpost.com

Varios

StumbleUpon www.stumbleupon.com

Para recomendar sitios:
Imeem www.imeem.com

Para subir y compartir contenidos en todos los formatos:
Twango www.twango.com
vMix www.vmix.com

se convirtió en un oficio con pautas cada vez más claras y específicas. En los diarios modernos, es el que va en busca de las noticias y las redacta sin aditamentos, como opiniones, análisis, párrafos valorativos. Los diarios estadounidenses, especialmente, fijaron normas para la redacción de las crónicas. La concisión y precisión del relato fueron desde entonces requerimientos básicos para la tarea del cronista. De acuerdo con los manuales de redacción de los primeros grandes diarios americanos y europeos, el cronista debe exponer en el primer párrafo qué ocurrió, cuándo ocurrió, dónde ocurrió, cómo ocurrió, y, si es posible, por qué ocurrió. El resto de la crónica será una ampliación del breve relato inicial, en orden decreciente de importancia. Los cronistas aportan el material básico de los periódicos, pero no son por eso los periodistas menos calificados. El trabajo del cronista es altamente valorado por la capacidad de captación de lo más importante o novedoso en un suceso y de los detalles que resulten significativos o emocionalmente impactantes.

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